La vida me ha enseñado que todo cambia, que la gente va y viene, que lo que hoy es perfecto mañana será horrible, que quieres cara y sale cruz, y que cuando hace sol, al minuto, llueve. La vida es así, todo se mueve constantemente, no hai nada cierto, ni seguro. Son mui pocas las cosas que quedan bajo nuestro control. Muy pocas son las decisiones que dependen únicamente de nosotros. Y siendo así, lo único que nos queda es aprovechar cada minuto que nos da la vida, disfrutar de cada sorbo de aire, de cada rayo de sol y de cada gota de lluvia. Resignarse a los malos momentos, y pensar que nada es eterno, que lo bueno siempre llega, tarde o temprano, aunque se vaya con la misma rapidez. Y al mal tiempo buena cara, y al buen tiempo, una mejor.
Que en la vida siempre hai malos momentos, situaciones complicadas, peleas... Pero lo mejor de los enfados dicen que es la reconciliación. Sin estos pequeños percances nada sería igual, son imprescindibles. Imprescindibles para crear algo único, para darnos cuenta de que cada vez que se da una de estas situaciones, la vida parece pararse y no ves más allá de ese problema, se convierte en nuestro centro de atención, hace que nos demos cuenta de lo que tenemos, de que valoremos cada palabra y que le demos más importancia a las cosas de la que tienen.
Comprender que las cosas no siempre son como nos gustaría, que no siempre se gana, si no que muchas se pierde, que los baches son pasajeros y las malas rachas llevaderas. Saber tirar para adelante sin importar lo que quedó atrás. Disfrutar de cada instante, de cada minuto, de cada hora, como si el mundo se fuese a acabar mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario